¿Qué pasaría si no hubiese un mañana, si no hubiese una razón para levantarse, si se hubiesen perdido las ganas de vivir? ¿Qué pasaría si nos diésemos cuenta de que nuestra existencia no sirve de nada, nada tiene valor?
¿Para qué luchar? ¿Para qué volver a ponerse en pie? ¿Qué haces cuando ya has perdido la fe en la humanidad, peor aún, en ti mismo? ¿Qué haces cuando crees que cada paso al frente son dos atrás? Si todo está inventado, si ya no hay ilusión, esperanza, qué más nos cabe esperar? ¿No sería tan fácil coger una cuchilla y cruzarte el ante tal? ¿Qué pasaría? ¿Sentirías dolor? ¿Qué se debe sentir al morir? ¿Cambiaría algo? ¿Cambiaríamos nosotros? ¿O tan solo caeríamos en un profundo sueño del que nunca podríamos despertar? ¿Qué concepto tenemos del tiempo si en lo que se dice un abrir y cerrar de ojos hemos pasado de aprender a atarnos los cordones a atárselos a nuestros nietos?
¿Cuáles son nuestros arrepentimientos? ¿Por qué esas ganas de dormir y olvidarse de todo? ¿Acaso buscamos morir, de manera figurada, y renacer a la mañana siguiente? Si hubiese un botón capaz de poner tu vida del revés, aleatoriamente, sin saber cómo, ¿lo pulsarías? ¿Elegirías tener otra vida? No nos damos cuenta pero cada vez que nos rendimos, que pensamos que es el final, que nos olvidamos de reír, es un día que morimos un poco más, consumimos nuestras ganas de vivir. Por eso dormirse es como resetearnos, darnos una oportunidad de renacer una vez más, porque nada está perdido hasta que nos perdemos de nosotros mismos, así que, si te mirases al espejo y te preguntases: si mañana me suicidase, ¿Cómo lo evitaría hoy? ¿Qué harías? Porque así es como debes vivir ese día. actualidad_143498837_10800463_1706x1280

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